Los
hechos ocurridos esta semana en torno al conflicto entre ADEOM y el gobierno
departamental de Montevideo, así como la decisión del sindicato de
funcionarios aduaneros que bloqueó durante un par de días la entrada y salida
de bienes de nuestro territorio, son indicadores muy preocupantes sobre la
tendencia de la conflictividad laboral reciente.
Hace pocos días el Presidente de la República, en un giro verbal muy
infeliz, señaló que su gobierno tenía los pantalones bien puestos. Más allá
del error en la imagen tan impropia de un Presidente, lo cierto es que se
buscaba destacar que el actual gobierno tenía autoridad y decisión suficiente
como para que nadie se lo lleve por delante.
En aquel caso el Presidente se refería a la relación con la oposición
política y resultó ser una respuesta exagerada y desproporcionada. Los términos
del relacionamiento entre gobierno y oposición no ameritaban esa reacción
medio “patotera”. Sin embargo, esa postura de reivindicación de autoridad y
capacidad de enfrentar con coraje las adversidades, no parece estar presente
cuando los conflictos y cuestionamientos provienen de parte de las
organizaciones sindicales.
La postura del sindicato municipal montevideano, “tirando de la
cuerda” una y otra vez, insaciable en sus reclamos, buscando el conflicto en
forma permanente, es el resultado evidente de una lamentable actitud mantenida
históricamente por las sucesivas administraciones municipales frenteamplistas
que, en su afán de demostrar a la población que el Frente Amplio trata muy
bien a sus empleados para sumar votos para el gobierno nacional, acostumbró a
este sindicato a ofrecerle y otorgarle importantísimos aumentos y condiciones
laborales absolutamente excepcionales.
Ahora cuando ya es imposible acceder a nuevas y más desmedidas
demandas, el gobierno frenteamplista de Montevideo rechaza estas propuestas y se
desata una crisis de proporciones enormes con secuelas de confrontación
creciente. Fue el Frente Amplio por su tendencia a mostrar sus supuestas
“bondades” el que ahora cosecha lo sembrado.
Por otra parte y en forma paralela, los funcionarios de la Aduana
resolvieron parar todas las actividades incluyendo en forma inédita la
paralización del comercio exterior del país. Se trata de una medida de
inusitada gravedad que ha sido contemplada por el gobierno sin la menor reacción.
Nuevamente, la actitud asumida desde el comienzo del gobierno por parte
del Frente Amplio le impide ahora, cuando las cosas “se salen de cauce”,
tomar medidas firmes que pongan límites a las formas de expresión del
conflicto por parte del sindicato aduanero. Nadie discute el derecho de los
funcionarios de Aduanas a expresar sus reivindicaciones y a llevar adelante sus
conflictos, pero estos deben enmarcarse dentro de ciertos límites y, por
cierto, uno de ellos es que el país no puede perder decenas de millones de dólares
diarios por una medida gremial.
El gobierno frenteamplista demuestra en forma permanente sus enormes
carencias a la hora de establecer límites a los reclamos sindicales.
Seguramente está preso de su histórica prédica que, desde la oposición,
cultivó y promovió la defensa de todas y cada una de las reivindicaciones
sindicales. Está preso también del hecho de que los dirigentes sindicales son,
sin excepción, integrantes de su propia fuerza política; y los que no son
frenteamplistas es porque están más a la izquierda del Frente Amplio.
Es hora de demostrar
que los pantalones no se ponen de un solo lado sino que deben abarcar las dos
piernas, la derecha y la izquierda. De otro modo, sí se arriesga perder la
autoridad.