Más allá de la discusión desencadenada - y no terminada - sobre nuestra
historia reciente, historia que, más allá de su subjetividad, es asumida como
tal, existen otras formas de "hacer" la historia.
Hay diversas modalidades literarias que sirven a esa construcción, son exitosas
editorialmente, llegan a mucho público y también suelen ser absorbidas como
ciertas, total o parcialmente.
¡Ojo! No nos estamos refiriendo a las producciones que claramente se
identifican como históricas. No, es al inmenso resto, que por su
diversidad va desde el best seller hasta la poesía, que abarca todos los géneros.
Del que no voy a hacer el inventario ya que alcanza con que el lector piense un
poquito para que su lista sea amplísima.
No digo que sean puros inventos, muchas veces hechos insertados en ellas han
ocurrido realmente y encajan perfectamente en la fantasía global del cuento. Así
se logra el resultado de que pasan por verdaderos ciertos "hechos"
ocurridos sólo en la imaginación del autor y consumidos como tales por los
lectores.
No podemos afirmar que todos los autores pretenden escamotear la realidad
creando certidumbres o confusiones que van contaminando la realidad histórica.
Generalmente tratan de ganarse el pan y el éxito por sus virtudes literarias
sin detenerse a evaluar - tampoco debería importarles demasiado -, si las
cabecitas de sus lectores son capaces de discernir entre lo verdadero y lo
falso, entre lo que sucedió antes o después o si no sucedió, entre otras
cosas.
Pero la cosa no es tan simple.
Y no lo es porque muchos autores, exitosos o no, productivos o no, suelen también
tener su corazoncito. Ese que los guía a insertar conscientemente esas
cosas que crean opinión, que construyen ideología, que forman creencias, que
fabrican identidades. Y también miedos, amores y odios, pasiones poco
recomendables para usar en la política, pero que lamentablemente van ganándole
terreno al pensamiento racional y dialoguista del que debería nutrirse ésta.
Le paso al paciente lector esta gran preocupación ante tantas
"certidumbres no ciertas" que existen en nuestra sociedad y que de
hecho es casi imposible desmentir una por una y que sin embargo debemos asumir
como tarea ineludible.