La (falta de) lluvia también juega.
En octubre del año 2004 en la República
Oriental del Uruguay ocurrió un hecho histórico: por primera vez en una vida
republicana de más de 170 años una fuerza política autodenominada de
izquierda y progresista accedió al gobierno nacional con la mayoría absoluta
de los votos.
Hoy,
tres año y medio después y ya pasado la mitad del período de gobierno el país
se mantiene - como lo estaba entonces - en una positiva circunstancia
internacional, sólo opacada por los altísimos precios del petróleo, factor
gravitante en un país que carece totalmente de recursos energéticos no
renovables. Agravados - es verdad - por la total falta de previsión de
gobiernos anteriores, todos ellos apostadores a las lluvias como supremo
integrante de una política de inversiones y desarrollo sustentable. Se ha
perdido el tiempo hasta quizás estos últimos meses donde una nueva crisis
energética apura la puesta en marcha de alternativas que debieron impulsarse
mucho antes.
La circunstancia internacional se
ha visto fortalecida en lo interno por algo todavía más gravitante: por
primera vez en su historia el Uruguay tiene una coincidencia ideológica casi
absoluta entre gobierno, sindicatos y una mayoría aplastante en la expresión
de sectores culturales dominantes. Cualquiera quisiera jugar en un equipo con
estas mayorías. Para colocar la frutilla encima de la torta, un liderazgo
fuerte, carismático en la figura del presidente Tabaré Vázquez, hábil
director de una orquesta que amenaza con desafinar toda vez que se propone
ejecutar alguna obra concreta en la medida que la “fuerza política” - como
se ha dado en llamar - está compuesta por una variada gama de partidos y grupos
con intencionalidades no siempre concordantes.
A pesar de los excelentes números
que el gobierno muestra - con machacona insistencia hay que reconocerle - la
realidad en la gente parece ir por otro lado. Realidad que muestran encuestas de
las empresas más serias, sin excepciones. Hoy el gobierno está 10 puntos más
abajo del punto de partida. Ha perdido adherentes tanto por derecha como por
izquierda lo cual no sólo no es extraño sino que tiene cierta lógica
sustentada en la imposibilidad de cumplir con una batería tan incoherente como
enorme de promesas electorales. Una cosa es juntar votos y otra es mantenerlos,
se sabe.
Hay muchas explicaciones posibles,
vamos a ensayar algunas.
1)
La primera y más obvia: hay un componente importante de falta de
experiencia en la gestión de gobierno. Agravada por una falta deliberada en el
estudio previo de las áreas donde se proponían los cambios más importantes.
Reformas fiscal, de la salud, de la educación, del Estado; he ahí cuatro
reformas clave muy poco estudiadas en lo previo y, peor aún, muy poco
consensuadas en la interna de la fuerza política de gobierno. Decimos
deliberada porque parece claro que resolver en lo previo cuestiones clave de
estas reformas hubiera puesto en riesgo el proceso de acumulación de fuerzas
previo al triunfo electoral, proceso que necesitaba unificar todos los esfuerzos
en destruir al adversario (para algunos) o al enemigo (para otros).
2)
Si bien ideas nunca faltaron, muchas de ellas eran claramente
inaplicables y la necesidad de desandar caminos genera forzosamente una dosis de
descontento en algunos sectores. El caso más claro y reciente es la “idea”
prometida a los cuatro vientos de generar una ley que perdonara los créditos a
los productores rurales en determinadas condiciones. Ya en el gobierno y luego
de una puja interna entre dos ministros - primero peleando por colocar a
“su” presidente en el Banco de la República, puesto clave para el manejo
político del crédito y luego peleando por la famosa ley “perdona tutti”
que nunca salió - han quedado vastos sectores de la sociedad rural con la
sangre en el ojo, furiosos ante el incumplimiento de lo prometido.
3)
Combatir la pobreza debería estar en la primera página de todo gobierno
que se precie de izquierda y progresista. Conceptos que no son para nada sinónimos
a pesar que la insistencia oficial parece así indicarlo. Luchar contra la
pobreza y la miseria no es eliminar a los ricos reales o ricos supuestos:
consiste tan simplemente en eliminar a los pobres. Lo otro es profundamente
reaccionario, de izquierda pero reaccionario. El impuesto a la Renta de la
Personas Físicas ideada por el gobierno no elimina los ricos pero golpea fuerte
a lo que algunos llaman “clase media” y otros simplemente a los que tienen
ingresos medios y medios-altos producto de su trabajo. No de su capital porque
este ha sido protegido. Increíblemente un gobierno de izquierda golpea más
fuertemente al trabajo que al capital. Y lo hace sin mirar si hay familia atrás
- no le importa si el contribuyente es solo o tiene cinco hijos -, tampoco le
importa si tiene un crédito hipotecario por compra de su vivienda - y encima lo
hace bajo la bandera de lo justo y equitativo. Demasiadas “imprecisiones”
semánticas como para no generar oposición. Y fuerte. Pero hay más: los índices
de pobreza e indigencia se han movido demasiado lentamente en estos tres años
de histórico crecimiento económico del país. Ante la desesperación
gubernamental parece ser un fenómeno mucho más complejo de combatir de lo que
parecía cuando estaban en la oposición. Hay una variada gama de proyectos en
curso, dinero del presupuesto nacional y también dineros del exterior muy
relevantes aunque daría la impresión que lo que está faltando es un enfoque
global que respete el fenómeno multidimensional de la pobreza con su cultura,
su sistema de valores, su frecuente exclusión económica, social y política.
4)
Para muchos el Plan de Emergencia fue un éxito pero para otros el
publicitado “buque insignia” del gobierno ha sido, con una mirada profunda,
un verdadero fracaso. Políticas sociales en el pasado ha habido, públicas y
privadas aunque es cierto que el partido de gobierno ya hablaba de “plan de
emergencia” muchos años antes, cuando la pobreza y la indigencia
representaban cifras mucho menores que las emergentes de la gran crisis del
2002-2004. Mucha gente siente que aportar dinero en una emergencia social es lo
correcto, lo malo es no organizar trabajo a cambio. Malo o demagógico en la
medida que puede confundirse con compra de adherentes...y votos.
5)
Ninguna de las reformas importantes parece tener un apoyo popular
significativo sino más bien lo contrario. Con aciertos en algunos aspectos
específicos -también hay que decirlo -, la reforma de la salud se parece más
a una virtual privatización de los servicios de salud para una cantidad de
población que estaba excluida de lo privado. Todo ello bajo un gran paraguas
denominado “Sistema Nacional de Salud”. Criterio distinto se ha utilizado
para el “Sistema Nacional de Educación” donde claramente lo privado - que
también existe, como el sur - ha sido olímpicamente ignorado, como si no
pudiera realizarse ninguna complementación ni integración. No se explica,
salvo por la imposición de una ideología corporativista y estatista donde se
confunde el servicio público educativo con quien lo presta, público o privado.
Las ideas no parecen estar demasiado claras en el tratamiento de una reforma
fundamental. Nunca lo estuvieron, y se notó durante el año 2007 cuando se
convocó pomposamente a un Congreso nacional de Educación que fue un ámbito
extraordinariamente eficaz...para que las corporaciones de la enseñanza
impusieran sus visiones.
6)
El gobierno parece ir tanteando el camino en demasiadas áreas
significativas -economía, derechos humanos, salud, educación, política
internacional -, muchas veces impredecible, construyendo las políticas con idas
y vueltas. Y muchas veces – demasiadas - negociando internamente olvidándose
que hay otra mitad en el país que también forma parte del país. Política de
Estado parece una mala palabra salvo - siempre hay alguna honrosa excepción -
con la llegada reciente del nuevo Canciller, Dr. Gonzalo Fernández. Para este
ministro la oposición existe, debe ser informada y consultada en cada decisión
importante que deba tomar el gobierno. Como debe ser en un país serio.
7)
Luego de llegar con una impronta ética muy fuerte - recuérdese que para
la izquierda histórica uruguaya la ética en política era su patrimonio
exclusivo - en pocos años comenzaron a aparecer fisuras importantes. Claro que
en un principio se atacó a la prensa como responsable de “campañas políticas”
de enchastre, sin advertir que varias denuncias provinieron del propio seno de
la izquierda. Primero se manifestó
a los cuatro vientos que jamás se pondrían “las manos en la lata”, luego
se pasó a un discurso más prudente “al que meta la mano en la lata se la
cortamos” pero ahora parece que está costando andar cortando manos. El propio
ministro de Economía - suena para próximo candidato presidencial y todo -
sigue defendiendo a un jerarca metido hasta la manija en las pérdidas de los
Casinos municipales primero y del Estado luego por el sólo hecho que no ha sido
sentenciado judicialmente. Pero también la fuerza política que está en el
gobierno ha adjudicado sumas enormes sin licitación pública - como tantas
veces acusó cuando era oposición -, ha beneficiado empresas privadas con
acuerdos fuera de todo control en operaciones que hubiera catalogado como
escandalosas en su anterior rol opositor. Como la de Pluna, por ejemplo.
Naturalmente nada iguala todavía las groseras políticas clientelísticas y de
favores personales en que incurrieron los partidos tradicionales durante sus períodos
de gobierno.
8)
Finalmente hay un clima de inseguridad que respira la población, en
diversos sentidos. Mayor en Montevideo que en el Interior. Es que Montevideo
también debe ser parte de la explicación en la pérdida de aceptación del
gobierno: luego de casi 20 años el balance parece a todas luces muy pobre.
Sucia, insegura, caótica en la calle, sin ningún cambio de relevancia a nivel
urbanístico, con un porcentaje creciente de gastos en salarios en lugar de
obras, la creatividad más destacada parece estar destinada a cómo recaudar más
en lugar de cómo brindar mejores servicios. Con un intendente que se ha
mostrado débil ante un gremio que ha sido inteligente en arrancarle a sus compañeros
en el gobierno mejoras a cambio de nada.
Ante este panorama lo que aparece
para el próximo período electoral - junio y octubre del año 2009 - es una
gran incertidumbre. Dudas que no existían dos años atrás cuando todos los
analistas políticos serios presagiaban un próximo triunfo del Frente Amplio,
“sin dudas”. El país está en sintonía con la región en cuanto a ideología
pero ello no significa gran cosa en una región que no se comporta como tal.
Cada uno tira para su lado, el MERCOSUR es un sueño incumplido y la integración
al mundo globalizado es un proyecto a los tumbos. Como dijo un ministro
recientemente en una reunión privada, “Brasil hace lo que quiere, Argentina
lo que puede, el Uruguay lo que lo dejan y el Paraguay nada”. Encima está la
tentación populista liderada desde el norte por el autoritario Chávez, más
concentrado en una campaña armamentista que en superar la pobreza de su pueblo.
Y la tentación imperial del Brasil - la lleva en sus venas - le impide
proyectar otras reglas que no sean las que le convengan para su desarrollo económico
unilateral.
El Uruguay vive un período
relativamente auspicioso en cuanto a recibir inversiones del exterior a pesar
que algunas de ellas, uno no sabría calificarlas como deseadas o indeseadas por
el gobierno actual. Para empezar,
el complejo forestal-celulósico arrancó fuerte con la finlandesa Botnia y la
española Ence, la cual se apresta
a comenzar la construcción de su mega planta en pocos meses. Estas inversiones
se hacen al amparo del crecimiento de la industria forestal, una de las buenas
herencias de gobiernos anteriores. El actual gobierno votó en contra de estas
inversiones pero hoy se muestra favorable incluso a estudiar la llegada de
nuevas plantas celulósicas. Los
cambios muy significativos en la agropecuaria - llegada de inversores argentinos
en el agro, de inversores extra zona en lechería, de brasileños en vastas
zonas del noreste y este - que expresan un cambio sustancial en el negocio
agropecuario que estuvo tantos años estancado encuentra tanto, impulsos como
frenos del lado del gobierno. Daría la impresión que para una parte del
gobierno las inversiones son bienvenidas y para otra parte no tanto, y se nota.
Se sigue perdiendo la oportunidad de favorecer la entrada de capitales privados
en las obras públicas, lo cual hubiera posibilitado contar con fondos estatales
suplementarios para mejorar los servicios públicos donde el capital privado no
puede acceder. Recientemente se empieza a escuchar a algún ministro que está
planteando esto como una posibilidad…
En
lo político el Uruguay es un país prácticamente bipartidista en donde la
polarización se ejerce en las ancas de posturas falsamente diferenciales. En
tales dilemas las posturas integradoras no tienen demasiado lugar. Como si
conquistar el gobierno y el poder pasara necesariamente por destruir al
adversario. No sólo en el terreno político. También en el sindical la postura
es la misma, tiene el país una dirigencia sindical de viejo – viejísimo - cuño
marxista en donde el capital, el emprendedor son malas palabras. Muy pocos
formadores de opinión están viendo posible un pacto social que desate al país
de sus viejos traumas. Con todo lo criticable que el gobierno de izquierda pueda
resultar para muchos en diversos aspectos, parece claro que el haber llegado una
vez puede permitir avanzar en la medida que el electorado así lo obligue en la
próxima oportunidad electoral.
Mientras tanto el país tiene algunos peligros importantes en
su horizonte próximo. Un aumento del gasto público arriesgado, un ministro de
Economía que es candidato a la vez - mala
combinación si las hay - el petróleo disparado en sus precios….y la lluvia
que no llega. Todo lo cual presagia
un invierno largo...y duro para las familias uruguayas.