Argentina
y Uruguay, en la peor crisis de sus históricas relaciones y a causa de un
conflicto ambiental, litigan por primera vez en La Haya, mientras el Mercosur se
muestra incapaz de asegurar la libre circulación y los buenos oficios de la
Corona española no logran acercar a las partes.
La
ciudad uruguaya de Fray Bentos repite su historia. Ubicada a orillas del río
Uruguay que dibuja totalmente de norte a sur la frontera occidental de Uruguay
con Argentina, hasta su desembocadura en el Río de la Plata, Fray Bentos vivió
largas décadas de bonanza desde finales del siglo XIX hasta muy avanzado el
siglo XX. La industria frigorífica y la exportación de carne y derivados en
conserva por su puerto fluvial convirtieron a esta ciudad y su área de
influencia en una especie de “far west” en el contexto nacional de una
economía que hasta hoy mantiene un dominante perfil agro exportador.
Aquel pasado industrial, que comenzó con una inversión y una tecnología
de origen alemán, prosiguió y tuvo su apogeo en manos inglesas. El frigorífico
“Anglo” hizo historia en Fray Bentos, y dejó construida una parte
diferenciada de la ciudad. En época
posterior el Anglo fue nacionalizado, hasta que finalmente cerró sus puertas.
Hoy es conservado, intacto, como museo de la revolución industrial.
En las
últimas décadas del siglo pasado, sin su frigorífico, Fray Bentos se fue
pareciendo cada vez más a cualquier otra ciudad de la región. Sólo el turismo compensó en cierta medida la pérdida de la actividad
industrial. Un turismo en gran parte argentino, que se vio favorecido por la
construcción, en esos años, del puente internacional Libertador General San
Martín, cuya cabecera del lado oriental fue ubicada junto a Fray Bentos.
Del
otro lado del río, en Puerto Unzué, se asienta la cabecera argentina del
puente. Unos kilómetros tierra adentro se encuentra Gualeguaychú, una ciudad
de 100.000 habitantes cuya antigüedad la identifica con el papel estratégico
que en la región ha tenido siempre la provincia de Entre Ríos, a la que
pertenece.
Un
eje de circulación Atlántico-Pacífico
Entre Ríos
- entre dos grandes ríos, el Paraná y el Uruguay - se extiende sobre la costa
occidental del segundo, de tal forma que domina las principales comunicaciones físicas
con Uruguay. Este vínculo, que se remonta a la vida colonial, cuando el
territorio hoy uruguayo era llamado “la Banda Oriental”, tuvo importancia
principal durante las disputas militares y políticas que concluyeron en la
formación de la federación argentina y en la independencia de la República
Oriental del Uruguay
La
ubicación de esta provincia continúa siendo de privilegio en función de la
geopolítica del proceso de integración regional, lo cual desborda el marco de
las relaciones bilaterales con Uruguay. La formación del Mercado Común del Sur
(Mercosur), que desde 1991 consagró la libertad de circulación de bienes,
personas, servicios y factores de producción, convirtió a la frontera fluvial
argentino - uruguaya en una de las llaves del mercado ampliado.
Al
puente Fray Bentos - Puerto Unzué hay que agregar un segundo aguas arriba, el
puente General Artigas, que une las ciudades de Paysandú del lado uruguayo, y
Colón del lado argentino. Y más al norte, la gran represa y central hidroeléctrica
binacional de Salto Grande, que también es usada como puente entre la costa
uruguaya cercana a la ciudad de Salto y la argentina ciudad de Concordia.
Estas
tres vías de comunicación son parte vital del eje de circulación Atlántico-Pacífico,
que se extiende desde la urbe industrial de San Pablo hasta Santiago de Chile.
Un arco geográfico donde se encuentra la mayor concentración poblacional y de
poder económico de América Latina.
Gualeguaychú
ha pasado a tener resonancia internacional en estos últimos tiempos en que la
causa ambientalista la ha convertido en emblema del conflicto que protagoniza
una asamblea de vecinos de la ciudad, radicalmente enfrentada a la instalación
de una fábrica de celulosa en Fray Bentos.
Un
conflicto que ha dado origen al mayor deterioro jamás conocido en las
relaciones bilaterales entre Argentina y Uruguay, además de poner en cuestión
la institucionalidad del Mercosur y la voluntad política de sus Estados
miembros.
Como
subproducto de las Cumbres Iberoamericanas que se realizan anualmente, y a
pedido de las partes interesadas, la Corona española ha desempeñado durante un
año una gestión de buenos oficios en este conflicto, sin que los gobiernos se
hayan acercado siquiera a un acuerdo razonable.
La
industria forestal-maderera-celulósica-papelera se ha convertido en un negocio
de enormes proporciones en todo el mundo, que alcanza a poderosos intereses de
diversa naturaleza, involucra a las relaciones norte-sur y despierta la
sensibilidad de las sociedades alrededor de un debate contemporáneo: el
desarrollo sostenible bajo criterios de protección ambiental, en constante puja
con el derecho de las mismas sociedades al pleno desarrollo económico y social.
El
Uruguay, un río internacional
El río
Uruguay, además de ser limítrofe entre dos Estados, es un río “de curso
sucesivo”, pues nace en Brasil. Se le aplican, por lo tanto, las normas del
derecho internacional que garantizan la libre navegación en toda su extensión.
La
cuestión jurisdiccional fue resuelta por Argentina y Uruguay en 1961, cuando
ambos países firmaron el Tratado de Límites, que hasta el presente se ha
aplicado pacíficamente. En 1975, ambos países suscribieron un nuevo tratado,
el Estatuto del Río Uruguay, relativo al uso común de las
aguas.
Al amparo de estos tratados se instaló en la década
de los 70 la central hidroeléctrica binacional de Salto Grande (dirigida por
una autoridad común) y fue creada la Comisión Administradora del Río Uruguay,
igualmente de integración argentino - uruguaya.
En este
plano, podría decirse que la vida de estos dos países alrededor del río
compartido se desenvolvía en el mejor de los mundos. Lo mismo ocurre en el Río
de la Plata, donde el Tratado de Límites de 1974 puso fin a una histórica
controversia entre argentinos y uruguayos.
Únicamente
la aparición en escena de una manzana de la discordia tan poderosa y apetecible
como la industria celulósica, podía crear entre Argentina y Uruguay una fisura
tan honda como la actual.
Primer
acto, la forestación
En la
primera mitad de la década de los 90, bajo el gobierno liberal - conservador
del presidente Luis Alberto Lacalle, en Uruguay fue sancionada una ley que creó
estímulos para la forestación e indicó la calidad de las tierras aptas para
esa explotación. Veinte años más tarde, la madera ha comenzado a salir de los
bosques.
La
pasta de celulosa ya era fabricada en la región en la segunda mitad del siglo
pasado, principalmente en Chile, Argentina y Brasil, pero no en Uruguay. Sólo
una producción de papel en menor
escala ha tenido lugar en ese país, si bien en la última década una papelera
uruguaya se ha desarrollado de forma excelente.
La ley
forestal dio por resultado que actualmente exista en Uruguay un área forestada
superior a las 800.000 hectáreas, que continúa extendiéndose. Esta superficie
es similar al total del área forestada en Argentina.
No
obstante su extensión, el territorio forestado no cubre actualmente más del 5%
de la superficie de tierras fértiles del país, y está lejos de completar el máximo
de las tierras señaladas como aptas para la explotación de madera. La aparición
de esta actividad está produciendo fuertes consecuencias, tanto en el sector
privado como en el público.
En el
sector privado, la entrada de empresas extranjeras especializadas en esa
explotación; la instalación de industrias del mueble y de insumos de madera
para otras industrias; la exportación de madera aserrada e industrializada; y,
en último lugar pero de mayor importancia, la llegada al país de empresas que
fabrican pasta de celulosa y papel.
Por
razones sólo atribuibles al medio natural y al clima, en América del Sur es
mucho más rápido, y por lo tanto económicamente más rentable, el crecimiento
de las mismas especies de árboles que tradicionalmente han sido explotadas en
otras regiones del mundo. Este factor, sumado a los menores costos de explotación
y de otros servicios, explica el creciente desembarco en países suramericanos
de empresas extranjeras con experiencia en el sector.
En el
sector público se ha revelado necesario invertir fuertemente en la adecuación
y modernización de las infraestructuras viales y de transportes para servir a
la movilización y salida de la madera. Un capítulo especial es el esfuerzo
para ampliar y mejorar la capacidad de los puertos fluviales y del puerto marítimo
de Montevideo, donde la asociación con empresas extranjeras ha sido
fundamental. Sobre los restos de un antiguo sistema ferroviario, el Estado busca
ahora recuperar su infraestructura para el transporte de cargas pesadas como la
madera.
Segundo
acto, la pasta de celulosa
La
primera en aparecer fue la española Empresa Nacional de Celulosa (ENCE),
durante el mandato del presidente Jorge Batlle (2000-2005). En un principio ENCE
solicitó autorización para una planta productora de celulosa que se instalaría
cerca de Fray Bentos, junto al río Uruguay. La inversión prevista era de 500
millones de dólares.
Poco
después se presentó la finlandesa Botnia con un proyecto para montar, también en Fray Bentos, la fábrica de celulosa que acaba de
estrenar su producción, con una inversión de 1.200 millones de dólares.
A fines
de febrero de 2005, una semana antes de entregar la Presidencia al presidente
electo Tabaré Vázquez, Jorge Batlle dio luz verde para que Botnia comenzara la
construcción de su planta en el lugar elegido. La Dirección Nacional de Medio
Ambiente incluyó en la resolución 31 exigencias que la empresa debería
cumplir antes de recibir la habilitación final de funcionamiento. El nuevo
gobierno, que asumió el 1 de marzo de aquel año, mantuvo la autorización.
Tercer
acto, el conflicto diplomático
Allí
comenzó el conflicto con Argentina, cuyo gobierno afirma que Uruguay ha incumplido sus obligaciones bajo el Estatuto del Río Uruguay
de 1975, al no consultar su decisión con las autoridades argentinas. El 4 de
mayo de 2006, el gobierno argentino presentó demanda contra Uruguay ante la
Corte Internacional de Justicia (CIJ), con sede en La Haya.
Al
mismo tiempo se activó el movimiento ambientalista en Gualeguaychú, cuya
medida más conocida, desde mediados de 2006 hasta el presente, es el corte de
rutas y puentes de comunicación con Uruguay.
El
gobierno de Uruguay ha reclamado ante la CIJ y ante el Mercosur por lo que
entiende una violación del derecho internacional por parte del Estado argentino
al permitir esta situación.
Tanto
Botnia como el gobierno uruguayo, apoyados en informes técnicos internacionales
que Argentina rechaza, sostienen que la planta cumple con las normas ambientales
que la Unión Europea ha comenzado a aplicar en 2007. Además argumentan que en
Finlandia ya funcionan 19 plantas que producen celulosa blanqueada con la misma
tecnología.
El 13
de julio de 2006, la CIJ dictó una resolución en la que desestimó la petición
argentina de medidas cautelares que ordenaran suspender la construcción de la
planta de Botnia. Y dio curso al proceso de la demanda de fondo presentada por
Argentina en base al Estatuto de 1975.
El 6 de
septiembre de 2006, ante una demanda presentada por Uruguay, un tribunal arbitral del Mercosur condenó el corte de rutas y
puentes efectuado por privados en Argentina, por entender que es una acción
violatoria del Tratado de Asunción (1991).
El 23
de enero de 2007, la CIJ denegó un pedido de medidas cautelares presentado por
Uruguay el 29 de noviembre de 2006, en el que se solicitaba ordenar a Argentina
el levantamiento de los cortes de rutas y puentes.
En la
Cumbre Iberoamericana que tuvo lugar en Montevideo en los primeros días de
noviembre de 2006, Argentina solicitó una gestión de buenos oficios a la
Corona española, que fue aceptada por el rey D. Juan Carlos y apoyada por
Uruguay.
Colocada
la gestión en manos del embajador Juan Antonio Yáñez-Barnuevo, ésta se
realizó a distintos niveles y en varias instancias a lo largo de este año,
hasta que en la última Cumbre Iberoamericana, realizada en Santiago de Chile
(8-10/11/07), las partes interesadas demostraron encontrarse muy lejos de la
posibilidad de un acuerdo. Ambas prefirieron remitirse al fallo de La Haya, que
podría demorar por lo menos un año más.
El 8 de
noviembre, el gobierno uruguayo extendió la autorización final de
funcionamiento a la planta de Botnia, que ha comenzado su producción.
El
rechazo argentino a un monitoreo conjunto, o a una alternativa de control
internacional, deja en manos de la autoridad uruguaya la tarea de monitorear la
eventual afectación del ambiente que esta planta pudiera producir, tanto por
sus efluentes líquidos como por sus emanaciones aéreas.
El
nuevo proyecto de ENCE
Los
trabajos de ENCE no habían pasado de la etapa de remoción de tierras en el
terreno elegido, cuando el conflicto con Argentina quedó declarado. La empresa
anunció entonces que buscaría una nueva localización, lo cual supuso echar
atrás la inversión inicial y despedir parte del personal de sus oficinas en
Montevideo. A principios de 2007 la empresa anunció la nueva ubicación de su
proyecto pero elevó mucho la apuesta, doblando la capacidad de producción y el
monto de la inversión, que ascendería a 900 millones de euros.
El
lugar elegido, llamado Punta Pereira, está bastante más al sur en la misma
costa uruguaya, donde el río Uruguay va a desembocar en el Río de la Plata. Se
encuentra cercano al pueblo de Conchillas, otro testigo de antiguas inversiones
y construcciones inglesas, que en este caso estuvieron vinculadas con la
explotación de canteras de piedra y arena con destino a la industria de la
construcción en ambos países.
El 19
de noviembre de 2007, el Grupo ENCE informó que el proyecto de Punta Pereira ha
terminado ya las etapas de diseño y estudio de impacto ambiental, y que la
nueva planta entrará en funcionamiento en junio de 2010. El diseño apunta a
una producción anual de un millón de toneladas de pasta de celulosa, lo que
supone una capacidad similar a la fábrica de Botnia. Al igual que la
finlandesa, la española generará 140 megavatios hora de energía renovable, de
los cuales se volcarán 60 a la red eléctrica uruguaya. En cuanto a la cuestión
ambiental, la empresa aseguró que se aplicará “la más avanzada tecnología
disponible”, bajo el criterio llamado BAT (Best Available Technology).
Superada
esa fase, el Grupo español ha decidido reforzar el equipo directivo responsable
de la ejecución del proyecto. El actual director de Operaciones de ENCE en España,
José Manuel Seoane, será el director general de la compañía en Uruguay,
mientras que la construcción de la planta queda bajo la dirección técnica de
Peter Healy, un ingeniero con experiencia internacional, que ha sido responsable
de la implantación de varios proyectos similares en Chile.
La
perspectiva de un millón de toneladas de celulosa producidas cada año en Punta
Pereira supone que el Grupo ENCE podrá duplicar su capacidad de producción a
partir de 2010. Las tres fábricas que el Grupo posee en España produjeron 1,1
millones de toneladas en 2006, con una generación de un millón de megavatios
hora de energía renovable.
Con su
instalación en Uruguay, el Grupo ENCE aspira a situarse como uno de los mayores
a nivel mundial en el cuidado, promoción y explotación de recursos forestales
para la producción y extracción de madera y biomasa, y en su transformación
en celulosa de eucalipto. La meta actual es alcanzar una producción total de
2,3 millones de toneladas anuales.
Las
fuertes inversiones españolas en Argentina siguen pesando en las relaciones
entre Madrid y Buenos Aires. En su reciente visita a la capital argentina, el
presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, declaró que
España reforzará sus inversiones en infraestructuras y en hidrocarburos,
destacando la importancia de la asociación Repsol-YPF.
El
auge de la celulosa y el papel
En los
últimos tiempos se han multiplicado las manifestaciones de interés, por parte
de papeleras extranjeras, por instalarse en Uruguay. La escandinava Stora-Enzo
busca su lugar para forestar y producir celulosa y papel, con una inversión que
rondaría los 2.000 millones de dólares. La portuguesa Portucel acaba de
visitar el país con igual propósito. Y empresas japonesas y norteamericanas
van por el mismo camino.
Los
expertos comienzan a preguntarse si la producción de madera y las
infraestructuras del país serán suficientes y podrán acompasarse a tantos
proyectos, en caso de que todos ellos sean realidad. Una perspectiva que podría
parecerse a una nueva “quimera del oro” y que tanto agita a los
ambientalistas, en el acierto o en el error.
Por el
momento, Fray Bentos ha encontrado en la pasta de celulosa el nuevo emporio de
actividad con el que sueña recuperar su antiguo bienestar.
Una
versión editada de este artículo está publicada en la Revista "Economía
Exterior", número 43, 2007/2008 de 01.01.08. Ed. Estudios de Política
Exterior SA, Madrid.
Imagen:
Presidenta de Argentina, Dra.Cristina Fernández, vista por Federico Borgia