Se han cumplido ya 18 años de ininterrumpida administración frentista
en la IMM. Casi nada.
Si se tratara de un cristiano habría alcanzado la mayoría de edad y el
derecho al voto. Además, excepto
el golpe de la crisis del 2002, tanto en los ’90 como actualmente, dicha gestión
se ha dado en un contexto sin precedentes de muy fuerte crecimiento económico
del país y fortalecimiento de su moneda (lo que, de paso, permitió un enorme
incremento de la presión fiscal municipal).
Es
un buen momento para tratar de hacer una evaluación global de dicha gestión,
sacándose de la vista los velos “mediáticos” con que el Frente envuelve
todo e intentando ver la realidad tal cual es, aparte de anuncios, autobombos y
pirotecnias varias. Bueno es, además,
no perder de vista los cometidos básicos de una administración municipal.
Veamos…
TRANSPORTE:
Aunque se ha tratado, en forma permanente, de centrar la atención en
otros asuntos, éste es, a mi entender, uno de los temas más relevantes que se
administran en la órbita municipal. La
movilidad, las posibilidades de desplazamiento en forma rápida y económica,
tiene mucho que ver con una ciudad democrática e integrada, sin guetos ni
discriminaciones. Hace también
a la calidad de vida de los trabajadores, que deben pasar una parte sustancial
de su tiempo libre a bordo de las unidades de transporte colectivo (o pedaleando
en una bicicleta). Recordemos
que en este tema comenzamos con el resonante anuncio efectuado en la Plaza
Lafone por el entonces novel intendente, Dr. Tabaré Vázquez, de rebaja del
precio del boleto (mediante un subsidio apresuradamente dispuesto para poder
cumplir con promesas electorales). El
mismo Dr. Vázquez, y su iluminado Director de Planeamiento Urbano, Sr. Víctor
Rossi se dieron el lujo de ignorar un estudio muy serio y moderno efectuado por
técnicos de la OEA, que proponía, entre otras cosas, racionalizar las líneas
y los tipos de unidades, estableciendo troncales con vías expresas, rápidas
(superando el promedio lamentable, que se mantiene, de 11km/h), líneas de
alimentación, con unidades más pequeñas, y otras medidas de modernización.
En cambio (quizás por los orígenes laborales de Rossi), lo que terminó
ocurriendo fue que se reforzó el “modelo Cutcsa”, que amplió su
participación en el total, se liquidó lo que quedaba de transporte
electrificado (después de más de 80 años, ¿será para aprovechar los
ingentes recursos petroleros nacionales?).
En fin, tras 18 años presenciamos múltiples anuncios, que el boleto
electrónico, que el sistema metropolitano de transporte, etc., sin que se vea
nada por el momento, con un modelo de transporte que sigue, férreamente,
inalterado. Y los guardas, figura
ya extinta en el resto del mundo, que los montevideanos debemos preservar, ¿será
para preservar el equilibrio ecológico?.
Ahora el Intendente Ehrlich parece que desempolvó los papeles perdidos,
pero, por ahora son sólo promesas…
RED
VIAL: Lo más notable en
este tema es lo que no se ha hecho. La
infraestructura vial de Montevideo está patéticamente envejecida, por no decir
destrozada. Hay algunas
importantes avenidas que están prácticamente intransitables, sirva de botón
de muestra la Av. Luis Alberto de Herrera, por no mencionar las calles
secundarias, algunas de las cuales lucen aún
centenarios adoquinados sobre los cuales sólo se puede circular a
velocidad mínima. Pero no es sólo el estado de los pavimentos.
Una red vial debe incluir además los anchos adecuados, sendas
prolijamente señaladas, cruces debidamente diseñados, señales, semáforos,
cruces peatonales, separación de las grandes unidades de transporte de los vehículos
pequeños, paradas del transporte bien ubicadas sin entorpecer la circulación
(y bien señalizadas, con indicación de las líneas que allí paran su
recorrido y frecuencia). En
este plano Montevideo luce un atraso difícil de encontrar, incluso, en otros países
de la región. Pero además
se fueron dejando de lado antiguos proyectos, ya previstos en el Plan Director
de 1955, como la autopista La Paz - Galicia, que conectaba con Av. Italia y
hubiese permitido una conexión rápida hacia el este (y, quizás, también, en
un futuro, la construcción de un tranvía o tren rápido sobre ese eje como
modo de recomponer un poco la unidad de la ciudad).
Mención aparte, pero no por ello de menor importancia, merece el
lamentable estado de las aceras en toda la ciudad.
Ya no hablemos de la falta de unidad en los materiales, aunque sea por
barrios, ni de la completa falta de imaginación para lograr enriquecer el
paisaje urbano (con excepción de acciones puntuales que no hacen más que
resaltar la pobreza del resto). Se
trata de que las aceras están todas en un tan penoso estado que hace que
caminar por la ciudad sea una aventura.
Y esto sólo por desidia, ya que la IMM puede intimar a efectuar las
reparaciones, o hacerlas a cuenta de los propietarios.
Desidia que permea todos aspectos de la actividad municipal, con excepción
de los señores de gris cuando se hacen su “zafra” de recaudación sin mayor
esfuerzo.
ESPACIOS
PÚBLICOS: Con alguna
excepción (donde se han encontrado “sponsors” privados, sí, ¡privados!,
que se encargan del cuidado y mantenimiento), el estado de parques, plazas,
monumentos, plazoletas, en fin de todos aquellos espacios que contribuyen a
humanizar la ciudad, es realmente calamitoso. Monumentos depredados, caminos internos
destrozados, vegetación abandonada, estanques, lagos y fuentes convertidos en
basureros, campamentos de marginales, casi desaparición de la iluminación pública,
los juegos infantiles semi - destrozados.
Estos espacios, que son de todos los montevideanos, se han ido degradando
progresivamente sin que la intendencia adopte medidas drásticas.
Últimamente se ha designado personal para su cuidado, sin que, por el
momento se note algo más que los anuncios, como parece ser la costumbre
impuesta. El descuido se ha
instalado incluso en lugares emblemáticos como la Plaza Independencia, lo que
agrava, si cabe, su inhóspita falta de escala sin que a nuestros geniales
administradores municipales se les ocurra hacer algo.
Otro sitio castigado es la Plaza Cagancha, que además es
la antesala de la sede del Poder Judicial, con el interesante monumento a
los Derechos Humanos, pero cuyo espacio está descuidado y en manos de
vendedores ambulantes, con sus canteros abandonados y sucios, y un aspecto de
abandono que no se merece.
TRÁNSITO:
Tiene mucho que ver con el estado, mantenimiento y señalización de la
red vial. Pero también con la
necesaria fiscalización y educación de conductores y peatones.
Montevideo debe ser una de las ciudades mas caóticas del mundo, a lo que
las autoridades sólo atinan a responder con inspectores que salen de tanto en
tanto a fiscalizar, en forma estática, ¡las patentes!
A veces controlan, sin demasiado entusiasmo, algún cartel de pare, o se
ponen en las zonas mas desahogadas de la rambla o Av. Italia con un radar para
multar al que no vio la camionetita Hyundai para multarlo por distraído.
Circular con el tránsito, como en otros países, tener idea de los
verdaderos peligros del mismo, no ser tolerantes con tacheros y omnibuseros
porque, “están laburando” son todos objetivos que ni
se plantean, no existen, y uno tiene hasta la impresión de que la mayoría
de los “inspectores” ni sabe conducir.
No hay una política en este sentido, a pesar de que, desde que el FA
accedió a la administración municipal de Montevideo el parque automotor se ha
multiplicado varias veces. Desidia
y burocratización rampantes, como en todo lo demás.
Eso sí, posición dura en la “guerra de las patentes”, como si en
eso estuviera en juego la “soberanía municipal”.
¿A nadie se le ocurrió, al menos, blufear con rebajarlas al mínimo
para lograr un acuerdo razonable? Es
que la administración frentista pretende seguir exprimiendo al máximo al
contribuyente, como lo viene haciendo desde 1990.
Sólo eso parece estar, realmente, entre sus preocupaciones. Mención
aparte merecen los sempiternos “carritos”, que se han multiplicado, no
cumplen con ninguna norma y presentan un peligro permanente para la circulación
normal, si se puede decir que eso existe en Montevideo.
ILUMINACIÓN PÚBLICA:
Al comienzo de la gestión frentista se hizo mucho ruido con un
mejoramiento en este rubro. El mismo no pasó de un poco de reposición de lámparas
y alguna acción puntual. Nada
de nuevas luminarias. Nada de un
mantenimiento prolijo que, por lo menos, mantuviese ese nivel alcanzado.
Y, por supuesto, nada de buscar un aumento significativo del número y
calidad de las luminarias que hiciera una diferencia.
Montevideo sigue siendo una ciudad oscura por las noches, oscura y
triste, ya que, ahora, ni siquiera quedan casi los antiguos luminosos de otra época. Los grandes espacios públicos y avenidas apenas lucen una
iluminación mortecina y lánguida, infaltablemente con un apreciable número de
lámparas fuera de servicio. Y,
recordemos, una buena iluminación aumenta la seguridad, bien escaso en el
Montevideo de hoy.
LIMPIEZA Y
RECOLECCIÓN DE RESIDUOS: Hubo aquí
un expreso compromiso electoral del Dr. Vázquez, como candidato y luego
Intendente electo, de limpiar la ciudad.
No se puede negar que se intentó.
Para comenzar, continuando la política “privatizadora” de sus
antecesores (rechazada por el FA), e instrumentando algunas ideas renovadoras,
como los contenedores. La
proliferación de los “carritos” ha dado al traste con todos los propósitos.
No hay política de higiene que resista a miles de personas abriendo,
revolviendo y esparciendo basura por todos los barrios.
No hay otro camino que cortar con eso, y, hasta que no se entienda, no va
a haber progresos. No es un
problema de sensibilidad social, es un problema de higiene, y de nada sirve
tratar de desviar la mira, por ejemplo, hacia los perros.
No son éstos los causantes de la desprolijidad, de la mugre por ser mas
directo, que invade Montevideo. Siempre
se busca castigar a la clase media y escabullir confrontaciones desagradables
pero inevitables. Montevideo
está cada día más sucia y desprolija.
GESTIÓN
URBANA: Aunque tomándose
su tiempo, el FA instrumentó el conocido Plan de Ordenamiento Territorial.
Conocido por su sigla, POT, y poco más, ya que, en el marco de una gestión
“participativa”, nadie tiene la menor idea de sus contenidos, ni ha tenido
real impacto en el manejo de la ciudad, mas allá de afectar de manera
importante los valores del suelo, “planchando” zonas enteras donde no se
permite la edificación en altura, y consagrando formas de actuación
discrecionales desconocidas en nuestro medio, que se prestan a las mayores
arbitrariedades. Montevideo
sigue luciendo como una ciudad mayormente desarticulada, desdibujados valores
tradicionales y esenciales, cada vez más fragmentada y segmentada, perdiendo el
carácter policlasista de sus barrios.
Cierto es que no puede imputarse esta tendencia a la gestión municipal
íntegramente, pero tampoco es posible negar que muchas de sus
intervenciones tienden a agravar el problema.
Da la impresión de que falta una visión integradora de la ciudad, a la
que se concibe como una sumatoria de pequeñas unidades tratadas por separado.
DESCENTRALIZACIÓN:
Buque insignia de la gestión frentista, lo menos que se puede decir
es que terminó siendo, luego de tanta alharaca, un verdadero mamarracho carente
de sustancia, un montaje que ya no engaña a nadie, una estructura súper
barroca cargada de burocracia totalmente inoperante.
Ninguna decisión significativa pasa por los complicados mecanismos
montados, consejos, juntas, elecciones, etc., totalmente carentes de sustancia y
competencias. Una verdadera
burla a los ciudadanos, pero que no sale gratis…
¿Cuánto cuesta este montaje?
Y
ADEMÁS, POR SI FALTABA POCO: El
gobierno central, aquejado de la misma forma de razonar, y prisionero de una
burocracia incompetente a quien no quiere enfrentar, aplica la fórmula de
transferirle el problema a los ciudadanos.
Una verdadera perla es la reciente ley que obliga a los automovilistas a
circular a toda hora con las luces encendidas.
No sólo es harto discutible su eficacia, excepto algún día muy nublado
y con neblina, sino que incrementa el consumo de combustible y reduce la vida útil
de componentes eléctricos de los coches.
Refleja exactamente la misma mentalidad que ya está instalada en nuestra
Intendencia: hagamos lo que
no cueste nada y transfiramos las responsabilidades a los ciudadanos (sin darles
ni herramientas ni condiciones), a los que, de paso, se puede multar para seguir
sumando recursos para pagar sueldos y torpezas varias cometidas por las
sucesivas administraciones municipales frentistas.
A esto hemos llegado.
¿HASTA CUANDO?